Hace un par de semanas Florida registró el primer ataque mortal de oso en la región. El evento ocurrido cerca de Naples generó una discusión que parecía cerrada. Ahora, la relación con la fauna silvestre está iniciando un nuevo y complicado capítulo. En esta ocasión tiene que ver con la posible casa de estos animales.
En medio del crecimiento urbano, los encuentros entre humanos y animales autóctonos dejaron de ser raros para convertirse en parte del día a día en muchas comunidades. La basura sin asegurar, la expansión de la vivienda y la pérdida de hábitat natural transformaron esta convivencia en un reto tanto para residentes como para autoridades.
En noviembre pasado, los votantes aprobaron una enmienda constitucional que reconoce la caza y la pesca como derechos en el estado. Ese cambio reflejó un respaldo claro a la gestión de vida silvestre mediante métodos tradicionales.
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Sin embargo, la forma en que se aplica esa gestión continúa dividiendo opiniones, sobre todo cuando se trata de el oso negro de Florida. Esta es una especie cuya población ha tenido signos de recuperación en los últimos años.
Ahora, la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida (FWC) se prepara para debatir una propuesta que podría reintroducir la caza de osos en el estado. El tema, lejos de pasar desapercibido, desató una intensa respuesta pública y reavivó tensiones que se remontan a la última cacería organizada en 2015.
Propuesta con antecedentes polémicos
La FWC publicó un resumen de su propuesta que contempla una temporada de caza a partir del primer sábado de diciembre hasta el último domingo del mes. A diferencia de la edición de 2015, que terminó con 304 osos abatidos en solo dos días tras la venta masiva de permisos, esta vez se plantea un sistema de lotería.
La nueva fórmula limitaría la caza a zonas con poblaciones superiores a los 200 ejemplares y ajustaría la cantidad de permisos según datos biológicos y tasas de éxito previas.
Sin embargo, la Comisión no ha definido cuántos permisos se emitirían ni qué criterios marcarían los límites aceptables de mortalidad o densidad poblacional. Tampoco detallaron las posibles estrategias no letales que podrían aplicarse junto con, o en lugar de, la caza.

Oso negro en áreas urbanas | Foto: pixabay
La falta de información completa elevó la presión sobre la reunión que la comisión celebrará esta semana en Ocala. Grupos defensores de animales, conservacionistas y ciudadanos se han movilizado en distintas ciudades para manifestar su oposición.
Posiciones encontradas
El impulso detrás de la nueva discusión creció tras un hecho inédito en Florida: la muerte de un hombre de 89 años en el condado de Collier, la primera registrada por ataque de oso en el estado. Ese incidente se suma a una serie de reportes por avistamientos y encuentros, con 16 llamadas documentadas en esa zona durante el último año.
Quienes apoyan la propuesta, dicen que la ciencia avala una caza limitada como herramienta de conservación. Alegan también que los ingresos de los permisos podrían usarse en restauración del hábitat, investigación de vida silvestre y reubicación de osos conflictivos.

Foto: Andy Holmes | Unsplash
Por su parte, los que se oponen no creen que la solución sea disparar. Argumentan que el verdadero problema radica en la pérdida del hábitat y en la gestión deficiente de residuos. Para ellos, responsabilizar al animal de un entorno que el humano ha modificado es tan injusto como ineficaz.
La FWC planea presentar distintas opciones de regulación durante su reunión este 21 y 22 de mayo. La votación final no se realizará de inmediato, sino más adelante este verano.
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