Guillermo Appendino: El Universo

Por MiamiDiario CP octubre 12, 2019 15:04

Guillermo Appendino: El Universo

Cuando era niño, en el patio de mi casa, en mi pueblo, junto a mi papá, acostumbrábamos a sentarnos en unas reposeras, en ausencia de toda luz artificial, a observar sin dudas una de las cosas más fascinantes que una persona puede detenerse a contemplar: el inmenso cielo estrellado.

Por Guillermo Appendino

Y el cielo de un pequeño pueblo reunía las condiciones ideales, casi mágicas,  de un verdadero observatorio. Si la noche estaba algo fresca, recurríamos a unas frazadas para taparnos.

En las noches de verano de intenso calor, con mis dos hermanos, de vez en cuando sacábamos nuestros colchones al patio y nos acostábamos allí a dormir afuera, a la intemperie, donde lo único que nos cubrían eran las estrellas y la luna.

Ya pasado numerosos años, sigo contemplando y disfrutando del cielo, así sea por unos minutos, o tal vez por solo algunos segundos, donde tenga la oportunidad de hacerlo, allí, me detengo unos instantes a observar el cielo estrellado con la misma fascinación de siempre.

Sucede que al observar el grandioso universo, pareciera que logro interpretar mejor lo extraordinario de la  existencia y particularmente, la del ser humano, y sentir que entre tanto movimiento orbital elíptico, y más allá de que no estemos situados justamente en las geometrías de algunos de sus focos, somos las personas el verdadero centro de todo ese infinito espacio.

Observando el maravilloso universo, logro distinguir con mayor claridad lo importante de lo urgente, despertándose en mí una necesidad intensa de lucha, en primera instancia con mi interior y luego con el exterior, contra todo lo que no surja del amor.  Puedo además observar que alejadas se encuentran mis verdaderas riquezas de cualquier fortuna material.

Observando el inmenso espacio, al igual que sucede al observar por un microscopio el interior de un organismo vivo, encontraremos lo mismo, a un tal Dios.  Podremos enviar una sofisticada sonda al espacio para que viaje miles de años luz y se deposite sobre algún lejano planeta, o podremos realizar una endoscopía por el interior de un cuerpo humano, y llegaremos a una misma conclusión.

El encuentro es permanente y en cada instante, solo hay que saber observar.  Las pruebas son infinitas y usted mismo es una de ellas.  La imperceptible vaquita de San Antonio que se encuentra debajo de una hoja en su jardín, es sin duda mucho más compleja y maravillosa que aquel óleo de la preciada obra pictórica de Leonardo que cuelga en el Museo de Louvre, y más extraordinaria que ese lujoso coche italiano que transita por las doradas calles de las costas del golfo Pérsico.  Y está allí, a un par de metros de usted.

Durante alguna serena noche estrellada detente a observar el cielo, y siente la inmensidad sobre ti.  Pequeños momentos que impulsarán a tomar verdadera conciencia y dimensión de lo fascinante de nuestra existencia y del misterio de las almas y del amor.

Aquel cielo, todavía intacto, es el mismo que observaron sus ancestros, y el mismo que guió a miles de viejos marineros durante las noches en las infinidades de los mares, es una de las pocas cosas de la naturaleza que podrá observar de las que el hombre aún no le ha podido echar mano.

El más profundo, mágico y misterioso de los espectáculos naturales estará ahí arriba, todas las noches, a no más de una puerta de distancia, tal vez algún loco esta noche aún tenga en planes de salir a disfrutarlo.

@guillermo.appendino
Por MiamiDiario CP octubre 12, 2019 15:04

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