El legado invisible: Nuestro estilo de crianza moldea generaciones

El legado invisible: Nuestro estilo de crianza moldea generaciones

Por Nerea Sánchez

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En la sociedad actual, la crianza, no solo abarca cuidar, mantener, educar, sino transmitir un legado emocional. Y esto, que para nada es una tarea sencilla, muchas veces pasa completamente desapercibido. Y es que la tarea de educar, lejos de delegarla únicamente a los centros educativos, más bien, es una tarea a título personal, que nadie puede hacer por nosotros, y más aún si se trata de infantes, las semillas del futuro.

Un dato es evidente en la consulta: 
Nuestras experiencias y estilos de crianza se convierten en patrones automáticos que se perpetúan a lo largo de las generaciones, influyendo de forma significativa en la forma en que nuestros hijos, a su vez, crían a los suyos. Liberando o transmitiendo cargas emocionales muchas veces sin resolver que se perpetúan… ¿Te ha pasado?

Pero… ¿A qué refiere el hecho de “dejar un legado emocional”?
 Refiere a “ese conjunto de creencias, valores, experiencias y patrones de comportamiento que se transmiten de una generación a otra dentro de una familia o comunidad”. Esta mochila (en unas ocasiones más liviana que en otras) contiene la forma en que las personas gestionan sus emociones, ese “click” que los conecta en una primera respuesta “automática” (muchas veces inconsciente) y a través de la cual se comienzan a establecer los primeros vínculos y relaciones.

La relación con uno mismo: el primer vínculo emocional

La primera relación que formamos desde bien pequeños es la más importante: La relación con nosotros mismos/as. A través de esta forma de relación conectamos con el resto del mundo que nos rodea, enfrentando los desafíos y retos que la vida nos presenta. En ocasiones, se manifiesta de forma positiva, amorosa y funcional, promoviendo la resiliencia y el bienestar; Y por el contrario, puede aparecer perpetuando traumas y conflictos no resueltos fuertemente interiorizados y ligados a nuestra parte más inconsciente.

La relación con uno mismo se construye desde la infancia y define cómo nos conectamos con el mundo. Foto Freepik

Hablando de inconsciente, Sigmund Freud, el pionero del psicoanálisis, nos enseñó que nuestra infancia moldea nuestra psique y por tanto, las vivencias de nuestros primeros años, desde el amor y la atención hasta el rechazo, la negligencia y el abandono, crean huellas emocionales que nos acompañan toda la vida. Un ejemplo claro en nuestro tiempo tan avanzado, sería la repetición del patrón de represión de las emociones, perpetuando a los más pequeños la evitación de la vulnerabilidad, relegando como algo negativo a evitar y reprimir a toda costa, y es que los patrones de crianza se instalan en nuestra memoria emocional como scripts automáticos, donde por ejemplo, nos encontramos muchas veces repitiendo acciones y situaciones que ya hemos vivido una y otra vez como si de una repetición compulsiva se tratase.

Romper ciclos: hacia una crianza más consciente

Reconocer estos patrones es el primer paso hacia el cambio de una vida y una crianza más consciente y adaptativa. La crianza consciente invita a las personas a reflexionar sobre sus propias experiencias y a cuestionar si están reproduciendo patrones que podrían ser dañinos. Al hacer esto, pueden elegir conscientemente un enfoque que promueva la salud mental y emocional, pero no solo de sus hijos/as, si no también de ellos mismos, ya que como hemos dicho anteriormente la primera relación elaborada con esos scripts es la relación con la persona que tenemos cada día frente al espejo. Poder parar, encontrar un espacio donde aprender a romper estos ciclos negativos y automáticos, someterse a una atención y comunicación plena frente a ese niño que encontramos (no solo al otro lado del espejo), si no, en muchas ocasiones, nuestros propios hijos/as.

Dejar en definitiva, un auténtico legado emocional respetuoso, valioso, próspero y exitoso en los más pequeños, lejos de represión, autoridad mal entendida o patrones mentales tóxicos sin atender, es un poco de lo que con estas líneas, me gustaría invitarte a reflexionar.

En una sociedad tan vibrante y diversa como la que nos encontramos, cada familia tiene la oportunidad de dejar su marca, eligiendo conscientemente cómo quieren que sus hijos se relacionen con sus propias emociones y con el mundo que los rodea. La crianza es un acto profundamente transformador, al tomar conciencia de cómo nuestras vivencias afectan a nuestras relaciones y a nuestra forma de criar, podemos empezar a construir un legado emocional más satisfactorio y vibrante, pues se habla mucho del escape de la “carrera de la rata” pero en ella, también deberíamos incluir, el escapar de las réplicas dañinas emocionales de forma inminente, con trabajo terapéutico y aplicando una auténtica educación consciente.

En legado emocional, representa entonces, una herencia psicoemocional que influye de pleno en la salud mental y emocional de las generaciones futuras. Esta transformación comienza con una conversación, y cada pequeño cambio puede tener un impacto realmente grande.

Nerea Sánchez es Analista y Educadora Infantil, especializada en el campo de la salud mental, con estudios reglados y especializados en Psicoanálisis, así como en Humanidades y Educación, en constante renovación y actualización. Terapeuta con experiencia en la profesión y divulgadora en el campo de Crianza Slow y Terapia Psicoanalítica. Con experiencia profesional en centros de salud mental, escuelas infantiles y en diferentes asociaciones de educación especial, así como en la consulta actualmente, a nivel freelance de forma ONLINE para Europa y Latam.

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