Alfonso M Becker: ¿Es Putin tan malo como el demonio? ¿O es peor aún?

Por MiamiDiario CP abril 26, 2019 15:25

Alfonso M Becker: ¿Es Putin tan malo como el demonio? ¿O es peor aún?

«On the purpose of NATO, suffice it to say that it serves to keep Americans inside; the Russians out and far; And the Germans quiet and without disturbing.” Hastings Ismay

 Si usted quiere quedar bien ante los Estados Unidos debe tener claro que el actual presidente ruso es la reencarnación de Lucifer en la Siberia rusa que se ha adueñado del Kremlin con malas artes y por la cara…  Eso es lo que quiere escuchar de usted el manipulador mediático de medio pelo,  americano, que también los hay.

Por Alfonso M Becker

Se intenta, por todos los medios,  hacer creer que Vladímir Putin es un tipo peligroso capaz de descuartizarlo si lo mira de mala manera,  o de estrangularlo si le lleva la contraria. Es del KGB… no es cualquier cosa… O sea, que puede ser verdad porque suele hacerlo con sus enemigos internos; así que a uno de afuera ¿qué le haría?…

No se lo tome a broma   -estimado lector-  porque  esto es interesante, un enemigo declarado es algo muy serio, no debe ni reírse ni frivolizar con ello porque entonces no habrá diferencia alguna entre usted y una ramera  bolivariana haciendo propaganda para un asesino mafioso y narcotraficante como Nicolás Maduro.

Le advierto, con cierto sentido del humor,  que debe aceptar que Vladímir Putin es enemigo  de la Casa Blanca como así lo acepta y lo aplaude la turba mahometana y la plebe revanchista latinoamericana… Todos están muy contentos de que, por fin,  aparezca en la cancha internacional alguien capaz de dar una patada en los testículos al presidente americano…

Para no cometer errores  -como la chusma islamista- debe saber el lector que llevo escribiendo desde hace 4 años artículos donde advierto con estupor que los musulmanes parecen de otro planeta, probablemente plano, al haber elevado al actual presidente ruso a la condición de héroe del Islam cuando Vladímir Putin es el estadista que más moros ha  matado, o mandado asesinar…

Cuatro años señalando las absurdas  apreciaciones geopolíticas de los persas o de sus proxy en todo el Oriente Medio… Todos vitoreando a Putin… Otros tantos haciendo ver a columnistas judíos estadounidenses,  que los “secuaces del Kremlin” colaboran con Israel para “pacificar” a la barbarie mahometana, o diciendo a mis amigos de Jerusalem que a Vladímir Putin no se le ocurriría nunca atacar a Israel porque es muy listo y sabe que eso le costaría su supervivencia doméstica…

Siempre dejé por escrito que Putin los apuñalaría por la espalda, a la mejor ocasión… Como si nada… Seguían aplaudiendo y besando sus posaderas porque, como todos los asquerosos yihadistas,  terroristas cobardes, creen que Putin es tan chusma como ellos…

Pues no… El señor Vladímir Putin es uno de los grandes actores de la geopolítica de nuestro tiempo. Le guste o no le guste a Occidente.

La prensa volteriana, que se escribe y se emite desde Damasco, no es otra cosa que una vomitiva e infumable propaganda de guerra empeñada en un imposible ejercicio profético con menos fundamento que el cenicero de una moto… La chusma de palmeros que cantan victorias antes de tiempo,  antiamericanos y antisemitas,  que se presentan como analistas mundiales e infalibles, no son otra cosa que la triste expresión del odio revanchista, propio de perdedores.

Por otra parte, el papel interpretado por el actual presidente ruso es tan brillante y  exquisito que la propia CIA  no dudaría en proponer a don Vladímir Putin para el premio Nobel de la Paz por méritos indiscutibles. O para un Oscar de Hollywood… Quizás más acertado.

Los mejores chistes de humor británico sugieren que si un  “analista galáctico”  no quiere parecer un idiota en medio de un campo de batalla,  debe saber  -al menos-  quién es el enemigo, parapetarse en un sitio seguro y salir cuanto antes de la absurda balacera en la que se ha metido por tonto…

Una prueba  -de cierto valor-  de que Vladímir Putin es un peligroso enemigo de los Estados Unidos la tiene en que el presidente ruso está en desacuerdo con toda la política exterior de Washington y hasta con cualquier cosa que haga o proponga Washington. Lo que provoca el aplauso generalizado de media humanidad… Esa media humanidad de los de abajo que siempre despotrica sobre los que están arriba… Es tremendamente curioso  que el rebaño de burros latinoamericanos adore a un asesino narcotraficante, por el mero hecho de que Putin diga que Nicolás Maduro es su amigo…

Quizás lo más relevante sea  -intento no ofender-  que los rusos son entrañables amigos  y socios de todos los enemigos más asquerosos y despreciables del imperio americano; sean asesinos islámicos de la peor calaña, narcotraficantes caribeños con apariencia de Estado, mahometanos persas que quieren exterminar a los judíos, o turcos islamistas del demonio que odian al gran “satán americano”  y al pequeño “satán israelí”…

Todos son amiguetes de Putin… Pues peor para ellos, porque Putin no tiene amigos, solo tiene socios económicos que tienen que cumplir lo pactado porque se juegan la vida.  Así que si usted saca conclusiones erróneas  porque el presidente ruso saluda efusivamente a un narcotraficante del Caribe que va de revolucionario, usted tiene un grave problema de interpretación de la realidad.

Esto que le cuento, en párrafos iniciales, calificando al actual presidente de Venezuela, lo sabe el señor Vladímir Putin, es decir, él puede dar fe de que no hay atisbo de mentira o exageración alguna en lo que digo  al señalar a Nicolás Maduro como un criminal al que le queda poco de libertad o de vida, según le vengan los ajustes de cuenta… Que vendrán muy pronto.

La guerra santa de los yihadistas, o el cuento bolivariano de los asesinos de Caracas, le importan al señor Putin un solemne y apoteósico carajo… La genialidad de este hombre es su enorme capacidad creativa para pescar en aguas revueltas y sacar beneficios donde otros solo encuentran la fanática muerte de los gilipollas…

Naturalmente, el presidente ruso, juega con ventaja porque como todo buen espía siempre ha vivido una doble vida,  o incluso una triple existencia… Lo que le ha permitido en pleno siglo XXI,  una diplomacia propia de “fantasmas” del antiguo KGB, es decir,  aparentar alianzas con idiotas, incultos y fanáticos, mientras desplegaba  una foreign policy de intereses en las sombras con el Mossad israelí y con la CIA estadounidense…

Vladímir Putin siempre ha pensado que los persas y los turcos están gobernados por “enfermos manipuladores” del Islam…  Su época de oficial de inteligencia es toda una leyenda que nunca se podrá escribir hasta que se desclasifiquen los documentos que atestiguan que el Irán de los ayatolas ya era un peligro la URSS;  y que ahora, el único interés de Putin es sacarle todo el dinero que pueda a Teherán, antes de que Estados Unidos e Israel den buena cuenta de lo que el propio Putin describió como un Estado persa patrocinador del terror mahometano…

De los turcos, aparentemente socios amigables, Rusia ni declara ni habla… hace igual que Israel: solo espera el momento de que la OTAN eche al asesino islamista Erdogan para ajustarle las cuentas… Estos dos patrocinadores del terror islamista, son vistos por el Kremlin como sociedades condenadas al fracaso por su perversa manipulación religiosa.  Algo que impide atender con inteligencia  las realidades estratégicas o políticas…

En los ambientes selectos de la intelectualidad militar de Beltway se suelen hacer chistes sobre las “maldades” del señor Putin y sobre los tentáculos de Moscú intentando llegar a la Casa Blanca, seducir a Melania Trump, engañarla como a una idiota irrecuperable de #MeToo, y robarle la cartera al presidente de los Estados Unidos… ¡Maldito ruso!

Pero halando en serio: en Washington y en Moscú  ya nadie discute que la función más importante de un periodista no es informar hechos, y mucho menos si son de agencias… Tampoco es dar opiniones sobre Israel o Estados Unidos basándose en la charlatanería de agencias de la  ONU infiltradas por la Yihad…

O lo más nauseabundo de un periodista que es participar en el intento de derrocar o asesinar a  un príncipe heredero saudí, como fue el caso de un peligroso Mulim Brotherhood, en toda regla,  como Yamal Ajmad Jashogyi, salvajemente torturado, descuartizado y licuado…

Que se vaya preparando el héroe de opereta Julian Asange porque si lo presentan ante los jueces de Washington, le van enseñar con auténtica pedagogía que robar documentos secretos del Pentágono es un acto de espionaje, mediante guerra  híbrida de inteligencia en las sombras,  a favor de los enemigos de U.S.A.  Eso no es ser periodista;  y eso se paga con la vida.

¿Cuál es la función más importante, pues, de un periodista?

En primer lugar  deberían  -dicen las leyendas del periodismo en Capitol Hill-  enterarse bien de quién es, realmente, Vladímir Putin antes de que te clave un cuchillo en la nuca… Esto lo dicen con sorna dirigiendo la mirada a los asesinos islámicos; a Siria, a Libano, a Teherán, a los asesinos mahometanos de Gaza…

Pero sobre todo, la función más importante y honorable de un periodista es establecer un marco narrativo para dar cierto sentido a todos esos hechos…  El antiamericano y el asqueroso antisemita no pueden hacerlo…  Porque el marco narrativo que da sentido a estos hechos exige un examen crítico exhaustivo y de indiscutible talla intelectual.

Vladímir Putin es   -quizás-  el único ruso que sabe cuál es el sitio de Rusia en el mundo, y para que nadie le quite ese sitio a Rusia es capaz de vender a los turcos, a los persas, o a los árabes, por un simple plato de lentejas… Ya lo está haciendo… Eso no es ser un demonio, sino un tipo muy inteligente.

Si el primer  Barón Ismay  viviera aún, habría convencido a Washington para que mandara al infierno a los franceses de Emmanuel Macron y a los alemanes de Angela Merkel;  y se aliara con Rusia para un buen enfrentamiento militar contra China…  La Casa Blanca y el Kremlin, todavía están a tiempo.

Putin se sabe de memoria que el  propósito de la OTAN  no es otro que mantener a los estadounidenses dentro de Europa;  a los rusos fuera y bien lejos;  y  a los alemanes callandito y sin molestar.

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