Alfonso M. Becker: Muchedumbre de perros que ladran y ladran…

Por MiamiDiario IA noviembre 9, 2018 16:36

Alfonso M. Becker: Muchedumbre de perros que ladran y ladran…

¿El Cuarto Poder?   ¡Noooo…!  ¡Es el primero! Benjamin Disraeli nos enseñó a todos que llegarían poco a poco,  con el tiempo justo, las universidades periféricas para plebeyos de la más baja condición…

Por Alfonso M. Becker

Desde el punto de vista sociopolítico se matarían varios pájaros  con un solo cartucho y la función transmisora de los crédulos e ingenuos titulados en la más patética ignorancia periodística resulta indispensable ya que, como dice el admirable profesor Jean-Jacques Courtine:

“No existe en este mundo un idiota ignorante con mejor suerte para propagar una mentira política como el que se la cree, y si está titulado,  es su triste y conmovedor  afán de notoriedad, la hará correr como la pólvora”

Dice un refrán muy antiguo, desde el siglo XVII – XVIII,  que la literatura ruin es la propia del periodismo partidista en el que se esconde lo más abyecto del crimen político,  entre la “masculina” mariconería más cáustica de las plumíferas en babuchas de terciopelo y entre el puterío femenino del amancebamiento profesional más canallesco e influyente con el comienzo del siglo XX en el Occidente liberal.

Advertía Claude Mauriac que para escribir hay que tener cualidades indispensables que no se adquieren en el oficio periodístico tal como lo conocemos y ni tan siquiera en los programas de estudios que en las universidades públicas ofrecen.

No iba muy descaminado ni hablaba de los “tortuosos” senderos de una supuesta homosexualidad reprimida que recorrió su honorable padre, François, premiado con el Nobel  de literatura en 1952…

Claude Mauriac se refería (al igual que Roland Barthes y Nathalie Sarraute) al arte de transmitir lo inexpresable pero sin utilizar la literatura y eso solo puede hacerlo un literato, un artista,  un escritor en toda regla…  Sé que parece algo contradictorio pero el genio de Claude Mauriac hablaba de conseguir las más altas cotas de amoralidad sin que la “a” se tomara como un signo de carencia… Sino todo lo contrario.

Escribió la filósofa Hannah Arendt  que, desde entonces,  “la transmisión de la verdad factual abarca mucho más que la información diaria que pretenden brindar los mediocres del periodismo”…  Se necesita aliteratura…

Una cualidad que debería ser el horizonte hacia el que hay que cabalgar con las palabras escritas, aunque no logremos llegar nunca…  La más alta distinción intelectual a la que aspiran los que amamos la literatura.

Hannah Arendt dejó por escrito y repitió “mil veces” en sus clases en Princeton, Berkeley, Chicago, Yale o Columbia que si algún día el periodismo se convirtiera en el “cuarto poder”  tendría que ser protegido del poder gubernamental y de la presión de la chusma ignorante con mucho y mayor cuidado que el poder judicial porque todos nos jugamos la democracia y la libertad de expresar las ideas.

Esta experta en filosofía política, grandiosa intelectual  y gran mujer,  no hubiera expresado  las gilipolleces que se han escrito sobre Jamal Ahmad Khashoggi  sin haber puntualizado primero que el supuestamente descuartizado, triturado y desaparecido “informador” en  The Washington Post,  odiaba  la cultura judeocristiana, no tenía nada de liberal ni de demócrata, y pertenecía al clan más peligroso y asesino de los wahabistas que pretendía la eliminación “por todos los medios” del príncipe heredero Mohammad bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud…

El futuro rey de los saudíes es otro para echarle de comer a parte en la Casa de Saud,  porque le corta el cuello al primero que toque su plato… y para sobrevivir entre asesinos mahometanos  -según la inteligencia británica-  el que se sienta en el trono no tiene más remedio que matar demostrando una espectacular  eficacia y poderes supuestamente  “omnímodos” si quiere ser respetado…

La realidad es muy diferente a lo que le cuentan a usted con solo “aderezar” la totalidad de los hechos y acontecimientos con los ingredientes que proporcionan Londres, París y Washington respecto a sus intereses de seguridad nacional y al movimiento de fichas en el tablero de la geopolítica; movida de piezas necesarias para proteger los yacimientos y  los pipelines para la distribución “correcta” de los insumos energéticos vitales para el llamado Occidente…

Así que solo cabe pensar que Khashoggi ha sido manipulado a cuatro bandas  -o más-   incluida la  otomana desde Ankara y la chiíta de Teherán; asesinos mahometanos  que “gobiernan desde atrás” copiando a la Casa Blanca; como Barack Obama hacía  para intentar explicar la vuelta a casa del US Marine Corps  ante la ruina económica del Pentágono.

O mejor gobernar con un Islam “invisible” o en paralelo como es el caso del periodista descuartizado, pues Jamal Khashoggi  se movía como pez en el agua en las sombras de la escuela Hanbalí financiada por los Muslim Brotherhood a la vista de todos en Washington,  en el Council on Foreign Relations con sede en New York,  y con el aplauso del Instituto Real de Asuntos Internacionales en Londres…

La impresión general en Chatham House es que Ahmad Khashoggi se ha pasado de listo creyendo que con el dinero disponible de su clan podría comprar no solo el espacio en The New York Times o en The Washington Post  como medio de propaganda  sino que podía disponer de lo más caro en los media occidentales para tumbar al príncipe Bin Salman…

Quizás creyéndose con el suficiente poder intelectual  como para hacernos creer, a los más listos, que los moros son abanderados de unas  libertades que en realidad desprecian y combaten a muerte,  porque el periodista descuartizado pertenecía a lo más temible  y sucio del wahabismo.

Como dice el MI-6  “Es muy difícil respetar a los muertos aún  cuando sean respetables oficiales de inteligencia que han caído en la guerra sucia”…

No tienen los lectores más que observar la lucha por el poder en el variopinto mundo musulmán y sus sectas, y mucho más ahora cuando dicen, los persas, los turcos,  los árabes, y los musulmanes de todos los confines del planeta, que están viviendo su mejor época de “Renacimiento”  para desgracia de un mundo “plagado de infieles”…

Es muy curioso que los más notables matarifes del Islam, asesinos de periodistas como rutina,  y encarcelamiento masivo de periodistas como un deber “islámico”, hablen de toda esta basura sin remover su propio estercolero ni en los mass-media mahometanos, ni en la prensa democrática de los infieles…

Sin duda Hannah Arendt les hubiera explicado en clase,  que resulta sumamente sospechoso, desde la ética, que casi nadie en el planeta se hubiera referido a los 50 periodistas asesinados o desaparecidos en Latinoamérica en el curso del mismo año en el que supuestamente han descuartizado, triturado y licuado a un columnista del “Post”  al que todo el mundo en Occidente señalaba como “Algo más que un periodista islamista”… Mucho más que un wahabista…

El foco mediático de los enemigos de Washington y de sus aliados árabes en el tablero de guerra era Jamal Ahmad Khashoggi…  Todos los asesinos islámicos arrimaban el ascua a su sardina y de los más de 500 periodistas asesinados y desaparecidos en América Latina durante los últimos 10 años, nadie dijo nada… No merecieron unas líneas en nombre de las libertades democráticas…

¿Quizás porque eran más pobres y putos piojosos que los multimillonarios mahometanos? ¿O quizás  hay algo más detrás de todo esto?

El caso es que el Secret  Intelligence Service, a orillas del Támesis, fue el que verdaderamente  sacó del atolladero a Crown Prince Mohammed bin Salman of Saudi Arabia… Todo se estaba llevando de forma chabacana, con carencias notables de información fiable de inteligencia y se estaba llegando demasiado lejos contra el más valioso aliado de Estados Unidos y de la Unión Europea en Oriente Medio…

Jerusalem se llevaba las manos a la kipá de tanto desacierto americano contra el valioso amigo saudí en el infierno de guerra que es el Middle East…. Al presidente americano, todo esto, lo pilló en calzoncillos persiguiendo a Melania que corría, en bragas por el Despacho Oval, despavorida…

Unas llamadas a Londres y Moscú aplacaron a una corte saudí que reconocía haber cometido errores como los ha cometido, siempre, Washington o Londres… Ni más ni menos…

La Casa Blanca agradeció la ayuda de Vauxhall Cross porque los aspavientos economicistas del presidente Donald Trump no convencían a nadie y el enemigo moro, el matarife turco y los criminales  ayatolas persas, estaban ganando la partida mediática por goleada…

Desde que existen los periodistas honestos, se sabe quiénes son los que han sido asesinados en oscuras  callejuelas del hampa marsellés por el control de la prostitución o el tráfico de drogas… Cómo no  -asegura la CIA-   por las  ejecuciones sumarias que esconden luchas entre irredentos matarifes mahometanos capaces de asesinar a su puta madre por el trono saudí.

Según la filosofía francesa de la posmodernidad, el desmadre y el desenfreno de esta muchedumbre de “perros del periodismo supuestamente ilustrados”  (el peligroso delincuente Jacques-René Mesrine los llamaba así)  abarcaba -a mediados del siglo XX-   a la mayor parte del establishment  “de escritorio”, es decir, a los portavoces del Gobierno…

No iba muy descaminado el enemigo público nº1 de la policía francesa, buscado a muerte por el FBI y la Policía Montada del Canadá… Los filósofos del Mayo del 68 señalaban a “la morralla de periodistas que cobraban del sistema” como cotorras cuyo trabajo consistía en  explicar a los corderos del electorado que no serán degollados gracias a la benevolencia navideña del señor doctor en plagios que preside el Gobierno… (Dios Santo, parece que hablaban de España).

Sin embargo, no era España…  era la Francia revolucionaria de los situacionistas… “Les vacances de Noël sont aussi pour les pauvres”… Aplausos, negro sobre blanco, de ese establishment  “de escritorio” que más bien parecían polizontes del Caribe bolivariano…

Y por supuesto,  los aplausos desgarradores de la totalidad de la chusma “licenciada” en opiniones absurdas por las universidades periféricas destinadas a satisfacer a los borregos con la rimbombante apariencia de los títulos.

Hannah Arendt sabía, sostenía  y defendía sobre el periodismo  que “la importantísima función política de suministrar información se ejercita hablando en términos estrictos, con claridad, diciendo la verdad con conocimientos y con alarde de intelectualidad».

La filósofa alemana de origen judío reconocía que “sin buenos periodistas nunca encontraríamos nuestro rumbo en un mundo siempre cambiante y de extrema complejidad”…

El día que aparezca en la prensa neoyorquina   -o de Beltway-   un discurso político con el talento y la suficiente síntesis de literatura para explicar que los asesinos narcotraficantes que gobiernan Caracas solo tienen dos salidas: la tumba o la cárcel, el periodismo habrá triunfado.

Por supuesto, no se debe olvidar que hay algo muy importante  que dejó bien claro la filósofa Hannah Arendt.  Lo primero que debe hacer un periodista es decir la verdad, cosa poco probable o imposible si pertenece al stablishment.   Las fake news y los eufemismos de supuesta corrección política se las mete usted donde le quepan…

El colapso del “periodismo honorable” en pleno siglo XXI  ha ocurrido porque la chusma titulada ha llegado demasiado tarde y sin las credenciales adecuadas al gran espectáculo de las mentiras políticas necesarias para la gobernanza.

Es muy difícil sobrevivir como periodista en la sociedad de las mentiras espectaculares, y más difícil aún si por ley deben sancionarse la corrupción en los gobiernos,  los crímenes y las mentiras políticas en tiempos tenebrosos y de extrema violencia como el que estamos viviendo.

Las cosas de la política hay que describirlas tal como son… Lo dijo Claude Mauriac, los dijo Nathalie Sarraute, lo deja sutilmente en el aire Isak Dinesen en su libro “Memorias de África”, lo dejó por escrito un genio como Franz Kafka; Eugene Ionesco, Jorge Luis Borges, Roland Barthes, Samuel Beckett…

Solo aceptando esto que usted puede llamar  “veracidad”  desde el punto de vista filosófico, puede nacer la facultad del juicio.  Solo así puede ser imparcial pues el trabajo de periodista consiste en no comprometerse ni con la “masa” ni con el “poder”  y mucho menos con las grandes mayorías que aparentan tener toda la razón; es un trabajo apasionante que consiste en tener agallas  y facultades intelectuales para pensar y juzgar…

Para ser un buen  periodista, honesto y honrado, hay que serlo desde fuera;  muy afuera del campo político.

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Por MiamiDiario IA noviembre 9, 2018 16:36

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