Opinión

Alfonso M. Becker: Atención porque los británicos van a enseñar sus cartas

De momento es solo una suerte de superministro que manda sobre todos los demás políticos y militares por orden expresa de la reina, pero en pocos días o semanas —según rumores del Servicio Secreto de la Inteligencia Militar— se convertirá en el Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y, […]

Por Allan Brito
Alfonso M. Becker: Atención porque los británicos van a enseñar sus cartas
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De momento es solo una suerte de superministro que manda sobre todos los demás políticos y militares por orden expresa de la reina, pero en pocos días o semanas —según rumores del Servicio Secreto de la Inteligencia Militar— se convertirá en el Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y, naturalmente, como todo ocupante del 10 de Downing Street, será también, Primer Lord del Tesoro.

Por Alfonso M. Becker

Estos dos cargos de designación real señalan al muy honorable inquilino como el “no va más” del escalafón al servicio de Su Majestad pero deben saber los lectores que dada la situación de emergencia geopolítica y los malos augurios respecto a la Unión Europea y a las negociaciones “Brexit”, la política británica tomó unos derroteros absolutamente impresentables para los ojos de la reina Isabel II del Reino Unido…

Pueden hacerse una ligera idea de lo que está “tragando” el Reino Unido, respecto al trato de Bruselas con esta sola frase del teniente coronel Thomas Georg John Tugendhat: “En Bruselas deben saber que nosotros no somos el enemigo, supongo”.

Quiero que los lectores imaginen a esa reina británica comunicándose con el nº1  del Servicio Secreto para darle la orden de que se presentara, con carácter inmediato, en Buckingham Palace, el agente 007.

Pues ese agente es, a día de hoy, Tom Tugendhat, un teniente coronel que ha peleado con lo peorcito del terrorismo asesino mahometano por las peligrosas tierras del Islam; y lo ha hecho a pistola, fusil y cuchillo, sirviendo en el  MI6; al igual que el James Bond de las películas.

Les aconsejo que no pierdan de vista a este tío, porque llega a la política doméstica para cortar por las sano con las disputas en la Cámara de los Lores y en la de Los Comunes, como el superior indiscutible en tiempos de guerra a la manera del legendario Winston Churchill.

Pero sobre todo, será colocado en el 10 de Downing Street para exigir de la frívola Unión Europea el respeto y el trato debido a Inglaterra…

No se lo pierdan porque habrá bronca y de la gorda…

¿Saben que Tom Tugendhat dará mucho que hablar?

Hay un tipo al que se le ha metido en la cabeza, al igual que a mí, que no habrá Brexit, que eso es imposible; y lo que es imposible, no puede ser.

Los políticos británicos ya lo han visto todo sobre el borde del abismo en el que se encuentra la Unión Europea. Han visto a un borracho dirigiendo el Consejo de Europa, tropezando con todo y no cayendo al vacío, existencial y político, por puñetero milagro.

El antijudaísmo crece hasta niveles insospechados mientras la élite posmoderna de Bruselas se lo pasa a lo grande en los banquetes pantagruélicos, bebiendo hasta los niveles del coma etílico y fornicando encima de la mesa con alegres damas e, incluso por doquier, sin reparos ni corrección política, mientras Europa se derrumba.

Llevo dos años escribiendo que no habrá “Brexit”. Lo he repetido en una docena de artículos de prensa,  y lo he hecho a contracorriente; con un atrevimiento fuera de lo común, ante un millonario rebaño de cotorras del periodismo, expertos galácticos que pontificaban la salida del Reino Unido del proyecto europeo que es —y ha sido siempre— algo así como salir de un club de ricos donde se come caviar y elegir vivir en medio de la calle, sin nada que llevarse a la boca y con todos sus peligros.

Pero los laboratorios de ideas británicos señalaban a la Unión Europea como un ente demasiado corrupto y desorganizado para vivir con ellos; lo que determinaba que era inevitable e ineludible largarse, si se quiere sobrevivir en un futuro mundo caótico que ya ha llegado, y lo ha hecho antes de tiempo gracias a doña Angela Merkel, Emmanuel Macron, y todos los que callan que el Islam combativo y terrorista se ha infiltrado en la Unión Europea para destruirla desde dentro y desde afuera…

Es cierto que hay enemigos mucho más peligrosos, pero que los cortadores de cuello del Islam campen a sus anchas por Europa es el colmo de la frivolidad bruselense. El “Brexit” fue diseñado porque se sabía que la antiamericana Alemania era capaz de llevar el proyecto europeo hasta el borde del precipicio y ¡albricias que lo han conseguido!

Las fuentes del Joint Intelligence Committee de los británicos, respecto a la Europa decadente y podrida,  no fallan nunca, no se equivocan, no cometen errores cuando ven con sus propios ojos a los personajillos de política barata instalados en el Palacio del Elíseo francés, como Macron, o en Schloss Bellevue, la sede de la presidencia en Berlín desde donde Merkel comenzó el ciclo histórico para la destrucción de la Unión Europea con sus delirios de aristocracia germana.

Los grandiosos espectáculos manipuladores de la canciller alemana, en torno a una nueva forma “humanitaria y pacífica” de increíble amor por los inmigrantes, era algo que asustaba dado el también increíble desprecio por los griegos, por los europeos mediterráneos y por los ciudadanos de la Europa del Este, a los que amenazaba abiertamente como si estuviese en el Tercer Reich; y no había nadie que le parara los pies a esta señora.

Así se sabe que la burla británica cotillea con el afán de la todopoderosa y engreída alemana, de conformar una suerte de Cuarto Reich disfrazado de gigante federal europeo, y de extensión continental, pero esta vez lográndolo sin declaración de guerra, sin disparar un solo tiro, y doblegando a los estados de la “inferioridad” periférica europea, que es la forma de “mirar” qué tiene la poderosa élite alemana de hoy.

Suponen en Londres, con sorna y escarnio, que sin tener que destruir militarmente a las sociedades, llamadas así,  explicando “politically correct” que se trataba simplemente de corregir la paupérrima gestión de las economías del más allá de las germanías. Ahora son los banqueros y no los generales los que reparten el rancho.

Es un buen truco pero eso —dicen los ingleses— que se lo cuente a los chinos. Como dirían los franceses “Rassure-toi, ce n’est qu’une boutade!”  Pero lo de “Cuarto Reich” va en serio y lo ponen sobre el tapete en Vauxhall Cross, cada vez que se trata el asunto policial alemán, de ocultar a la opinión pública los centenares de crímenes cometidos por peligrosos mahometanos. Miles de asesinatos cometidos por criminales islamistas, porque esa es su “educación religiosa”.

¿Un estado policial al estilo de la Gestapo?, se preguntan en U.S.A.

Resulta chocante para un europeo que dos niñas danesas alpinistas hayan sido violadas y sus cabezas cortadas en Marruecos, en un ritual islamista por criminales mahometanos, mientras millones de musulmanes violentos y con cultura de Yihad, son recibidos en su día a gritos enfervorizados y desmesurados por la canciller Angela Merkel: ¡Willkommen in Deutschland, Flüchtlinge, Wir lieben dich, Der Islam kommt auch aus Deutschland!

Honradamente, a los europeos nos importa un carajo que Alemania se convierta en un califato de mierda, allá ellos, como si les dan por el trasero a todos y les gusta, somos así de cachondos. Pero el MI6 se toma muy en serio estas cosas y ha puesto las cartas sobre la mesa, para tratar de explicar que el llamado “Brexit” solo ha sido el último aviso para exponer la absoluta maniobra diversiva británica de salir de Europa para infundir miedo. Parece que no lo han conseguido.

Lo cierto es que la Unión Europea está a punto de desaparecer y son los británicos los que podrían salvar el proyecto con su vuelta a un “redil” del que nunca salieron. Y ya se cuidará Berlín de hacer lo que le da la gana, porque la morralla germana se enfrentará, a partir de ahora, con políticos británicos, navaja en mano, porque esa es la sugerencia de Donald Trump, quien ha dejado bien claro a los ingleses que, si vuelven a la Unión, el trabajo será vigilar a una nauseabunda élite alemana, incapaz de comprender que con sus frivolidades mercantiles los moros destruirán la cultura judeocristiana.

El pensamiento estratégico del que habla Estados Unidos y del que carece la “locomotora alemana” no es otro que un serio aviso del Pentágono, que nos ha enseñado dos cosas: la primera, que separados en Europa nos aniquilarán uno a uno; y la segunda, que federados en una Unión Europea fuerte y aliada de Estados Unidos, haremos pagar un altísimo precio a quien nos ataque, sea militarmente o mediante actos terroristas.

Por lo tanto, si tenemos que favorecer económicamente a alguien, no debería ser a un competidor pícaro como Vladímir Putin, con sus pipelines de gas ruso directamente para la sedienta Alemania. Y mucho menos si es un challenger militar como es el caso de Rusia. Para Berlín —está claro— es mucho más interesante enriquecer a Putin y arruinar a Donald Trump.

Pero Grecia, estimados lectores, fue una gran lección para la Europa de los pueblos. Y esos pueblos despertaron porque doña Angela Merkel ocultaba —en realidad— la peligrosa fruslería política de la ingeniería demográfica, que eran el “sota, caballo y rey” dictado por la élite financiera a la gran tragaldabas de salchichas, cuya obligación principal era la urgente colocación en el espacio industrial alemán de —al menos— seis millones de mahometanos, como mano de obra barata, aprovechando frívolamente las migraciones euroasiáticas, producto de las guerras y conflictos.

El caso es que los chistes británicos en torno a esto se suceden, un día y otro, incluso ante la gravedad económica y gobernanza caótica que se ha instalado en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, desde el referéndum para salir de esa Europa podrida que estaba contaminando la paz y el sosiego, incluso entre los británicos.

Los del MI6 no yerran cuando los idiotas de Quai d’Orsay, capitaneados por un tonto advenedizo llamado Macron, enseñan sus cartas políticas, alegremente a sus compañeros alemanes dirigidos por Merkel, como si fuese un juego de colegialas en una sala de Bingo; pero los alemanes son mucho más perversos y peligrosos, porque se sitúan bajo el influjo antiamericano, de apariencia mercantil, del ex canciller Gerhard Schröder: un traidor en toda regla, que es inquebrantable amigo y socio de Vladímir Putin.

Es natural que el señor Schröder odie a los americanos y —además— coja unos cabreos de mil pares de demonios, cuando Berlín se suma a las sanciones impuestas por Capitol Hill a Rusia, a China, o a Irán… En pocas palabras: el señor Gerhard Schröder lidera a una élite multimillonaria alemana favorable a unirse, mediante un particular diseño de Ostpolitik, a la Rusia de Putin y considera a los Estados Unidos como un competidor desleal con Berlín. O sea, un enemigo. Esto es algo grave.

La Alemania antiamericana, de antijudaísmo soterrado, surge como las manchas de humedades indeseables en los Estados policiales. La inteligencia militar británica ha dejado escapar algunos globos sonda, práctica habitual que señala a los traidores que se pasan al lado ruso, como en su día fue el caso del asesinato del político sueco, Olof Palme, con cierto parecido por su anti imperialismo estadounidense.

En aquella época entró en escena la famosa organización terrorista alemana Rote Armee Fraktion y más concretamente un comando ejecutor enviado por el killer, Andreas Baader, y la periodista del terror, Ulrike Marie Meinhof, para que su lugarteniente del Kommando Holger Meins, liquidara a Olof Palme. La élite alemana disfrazada de izquierda liberal democrática como la Merkel, estaba luchando contra el imperialismo estadounidense, ya que veía a los americanos como fuerza “ocupante” y no como aliados —según su trasnochado nacionalismo a lo Günter Grass— desde que era  República Federal Alemana (BRD).

Así que las “fuerzas oscuras” —como las llamaban los del MI6 británico—, refiriéndose a las actividades de contrainteligencia, mataban americanos y judíos, a la vez que alababan a los terroristas mahometanos en Europa y en  todo el mundo. Parece que la historia se repite en las narices de Donald Trump. ¿Será por eso que el presidente de los Estados Unidos llamaba “mala, muy mala” a la Alemania de Merkel?

No les puedo decir nada más al respecto, salvo una cosa: hay agencias de inteligencia que le quieren colocar una bala entre ceja y ceja al amiguito alemán de Vladímir Putin, quien es —además— el elegido como presidente del consejo directivo del gigante petrolero ruso Rosneft. No me digan que no rebosa inteligencia el presidente ruso.

Dicen los británicos que tiene a la élite alemana en el bolsillo ante las narices de la C.I.A. Desde luego los rumores sobre “guerras secretas” corren como la pólvora en esa suerte de Gotham City que es Londres. Tenía razón Lichtenberg: “cuando una guerra ha durado más de 20 años, sea fría o caliente, bien puede durar otros 100; pero si es una guerra religiosa como la de los moros y se oculta este dato a los ciudadanos, la Unión Europea la perderá porque los musulmanes —al igual que Lichtenberg— saben que es el gran invento para matar millones de infieles y el arma infalible para ganarla.

Pero acaba de llegar The Man Who Thinks He Can Save Brexit

Si bien todavía hay representantes de la visión multilateralista convencional, como el teniente coronel Thomas Tugendhat, presidente de la Comité Selecto de Asuntos Exteriores, no podemos olvidar en esta pelea a las “estrellas” que —con toda seguridad— se estrellarán sin remedio como Boris Johnson o Theresa May, ante una situación global extremadamente inestable y con el serio peligro de guerra entre Washington, Beijing, Moscú o Teherán, sin contar al loco de Kim Jong-un  y —sobre todo— la posibilidad muy real de que la Casa Blanca decida destruir, de una vez por todas, al estado terrorista persa.

Do you know that Tom Tugendhat will give a lot to talk about?

Es un ex oficial políglota de inteligencia militar que puede hacerle un gran favor a Europa, cuando a Bruselas le llega la mierda geopolítica hasta el cogote: que el Reino Unido vuelva a la Unión Europea y empezar de nuevo, dejando las billeteras “intocables” en sus bolsillos respectivos.

Salvar a los hedonistas majaderos e incultos que están destruyendo Europa. Tender un cable para evitar que los ignorantes y borrachos de Bruselas no vivan el descrédito y recuperen la cordura, ante la evidente barbaridad migratoria que han gestionado y —sobre todo— empezar de cero para evitar que la Unión se descomponga, ante una revuelta generalizada que recorra todo el continente como un fantasma de la destrucción.

En palabras de Tom Tugendhat: “las democracias europeas están literalmente destrozadas por la corrupción”. “Y el peor de los peligros es la amenaza que representa Vladímir Putin, comprando voluntades con el gas y el petróleo”. ¿Se habrá enterado Angela Merkel de esto?

Así que ya lo saben: un agente secreto especial del MI6 será el futuro premier elegido por la reina para ejecutar otra forma de política exterior, que solo hemos visto en las películas de James Bond; con el Príncipe Harry como Embajador Especial en Washington DC, para la implementación urgente de tratados comerciales.

El superagente con poderes especiales y licencia de su Graciosa Majestad ha dejado bien claro que el Reino Unido no es enemigo de alguien. Pero si Bruselas quiere hacer daño, será mejor que lo piense porque Tugendhat tiene a dónde ir y dónde crear una zona de libre mercado con Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o la India…

Algo 100 veces más grande e importante que Europa. Porque el Reino Unido Global seguirá existiendo, aunque la Unión Europea desaparezca para siempre.

Un serio aviso para Alemania y para Bruselas. Claro que dará mucho de qué hablar…



Alfonso M. Becker

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