¡Por las bragas de Melania que lo mato!

Por MiamiDiario CP septiembre 5, 2018 22:04

¡Por las bragas de Melania que lo mato!

“Nothing has changed in thousands of years and nothing will change,  except the show”. Alfonso M. Becker

Decían los antiguos amantes de aquellas primeras pantallas destinadas para  el entretenimiento, mucho más allá de nuestros abuelos, que antes se iba al cine con la absoluta certeza de que los grandes hombres y las mujeres hermosas y bellas,  jamás utilizarían el retrete o se cambiarían la compresa menstrual, o se limpiarían el trasero con el rollo de papel higiénico, o se lavarían en el bidé sus partes íntimas…  Era impensable que los grandes héroes masculinos  y las estrellas femeninas del celuloide mostraran a sus fanáticos seguidores que los dioses del séptimo arte eran, en realidad, tan vulgarmente humanos como todos nosotros.

Por Alfonso M. Becker

Sin embargo ahora, en plena era de las representaciones teatrales protagonizadas por los políticos de la más baja alcurnia, para consumo de los rebaños de votantes, es precisamente la  raíz del espectáculo la que se hunde en la más antigua de las especializaciones del poder.

La manipulación social mediante distintas ramas de especialistas fabricantes de símbolos está a la orden del día; distintos caminos para llegar al mismo punto: la representación diplomática  de la férrea  sociedad jerárquica. “A ver cuando te enteras de quién es el que manda, idiota”… que diría Donald Trump.

También dijo cosas semejantes el que estaba antes que el magnate neoyorquino en el Ala Oeste de la Casa Blanca… y todos los que le precedieron.  Decían algo como esto los calvinistas más laboriosos del planeta y estaban en lo cierto:  “Si eres pobre muérete porque la vida es una pelea a muerte y nadie te prestará ayuda”…  Curioso, desde el punto de vista filosófico, que los más cercanos a Dios discurrieran con tan extrema sutileza para ser dignos de la bendición en los negocios…

Lo que nunca dejó de advertir a gritos The Village Voice desde 1955…  La Europa del Plan Marshall quería ser como América y los europeos querían vivir como los americanos.

El  “negro loco” James Baldwin y su compinche el judío Norman Mailer, ambos yankees bebedores de whiskey de Bourbon hasta caer al suelo borrachos  en los arrabales de París, mostraron a los filósofos franceses “adolescentes” que en Estados Unidos también estaba por venir un Mayo del 68  que examinaba la violencia del capitalismo salvaje, la histeria anticomunista forjada “a medias” con el pequeño imperio soviético, el delito a mano armada contra la propiedad privada  y la confusión absoluta en la sociedad estadounidense.

Esta “confusión” americana, incluso en asuntos de racismo, era explicada en Francia, tierra del amor libre y de la frivolidad erótica,  como un simple y vulgar espectáculo creado por los magos de Washington.

En la posguerra europea se leía con ansiedad The Village Voice,  ese periódico de papel que no tenía desperdicio  y no había revolucionario en este mundo que se precie,  en la década de los sesenta del siglo pasado,  que no tomara la revista contracultural neoyorquina como punto de referencia para cualquier análisis europeo  sobre la manipulación ejercida desde el poder y las grandes mentiras “vomitadas” por los políticos socialdemócratas…

Desde aquellos días en los que Bill Clinton se dejara robar, placenteramente, los espermatozoides presidenciales por Monica Lewinsky en el Despacho Oval, los asuntos de la sexualidad humana han cambiado notablemente, y no me refiero a las distintas posturas pedagógicamente expuestas en el Kamasutra… Bien es verdad que en el arte de la gobernanza, en cambio, el erotismo desplegado por los portavoces de las oficinas de poder es siempre el mismo y de un aburrimiento atroz.

Ahora le toca a Donald Trump con una prostituta, bien pagada y de altos vuelos,  pero en estos tiempos  el modo de producción espectacular del sexo se envuelve en un precioso celofán pornográfico porque forma parte de la unidad teatral en torno a las traiciones a la patria; o colusiones con Rusia, levantamiento de muros mexicanos, aranceles adúlteros, e insultos populistas  indiscriminados contra todo aquel que no sea de la raza aria, ¡qué digo aria! ¡Albina, como mínimo!

De lo que nadie tiene ya duda es  de que  la Casa Blanca tiene su propio director de producción y de sonido para los variopintos lenguajes de los espectáculos.

Una vez  puestos en escena, son auténticas obras maestras para engañar a los periodistas del montón y para divertir a la chusma con los signos evidentes de una productora eficiente, exitosa, capaz de convertir a la masa inculta  en una manada en estampida moral con supuestas capacidades críticas e incluso analíticas; animales sociales castrados e incultos que se manifiestan enloquecidos  en una frívola sociedad caótica en la que el lenguaje del espectáculo político se ha conformado con los signos imperantes de la perversión y de la mentira.

Es curioso contemplar  cómo el rebaño en desbandada es manipulado en Alemania con manifestaciones a favor y en contra de los inmigrantes musulmanes; un gran festejo en el mismo día, en el mismo sitio  y a la misma hora que engendra violencia doméstica mientras las violaciones, asaltos y crímenes mahometanos se suceden por toda Europa.

La deriva, el naufragio o el desembarco  de los migrantes se representa como una tragicomedia en la que los “payasos” son siempre italianos o políticos de la Europa del Este… El drama ya lo conocen todos…

El espectáculo de “intachable moralidad” y de apariencia “democrática” es una obra de la “intelligentsia” de Bruselas con la policía alemana cubriendo las espaldas.

Pero este vodevil nunca jamás  podrá explicar el descarado tráfico criminal de personas y el gran negocio de la esclavitud sexual moderna.  Todo esto acabará muy mal.

En Estados Unidos pasa, más o menos, lo mismo pero se dejan de eufemismos y han decidido llamar al pan “pan” y al vino “vino”… Llamar a las cosas por su nombre es lo más democrático y liberal… La corrupción está más vigilada y controlada que en la Unión Europea; el FBI está haciendo un buen trabajo y es precisamente el actual presidente el que está “drenando” el pantano con alto riesgo para su existencia.

Recuerden que la Historia siempre se repite; como ocurrió con Ronald Reagan, al final siempre disparan contra el monstruo de Frankenstein… ¿Está el presidente, creado por la élite de Beltway,  protegido contra un descerebrado tirador justiciero?

Decía Steve Bannon que moverse en un escenario caótico  solo es posible cuando se conoce la coreografía de la confusión, los pasos de baile de la mentira política y del desorden desplegado adrede por los  policymaker de Capitol Hill.

La Casa Blanca presenta su espectáculo como un circo que levanta muros para que no entren los malos en los Estados Unidos… Hay un viejo refrán que manejan los más cultos e instruidos en el Cuerpo de Marines,  y lo copiaron de los españoles.  Por lo visto, gustó mucho en el US Army:  “A enemigo que huye, puente de plata”… Y eso son los puente que, hasta ahora, ha tendido el actual  pope argentino…. Puentes de plata.

Y se ríe a carcajadas Washington de la doble moral del Vaticano “el gran levantador de argentum pontem  pero construidos a propósito para que huyan los culpables de crímenes sexuales contra menores de edad”  porque ha protegido, tras los muros de San Pedro, a toda la clerigalla de pederastas que están destruyendo a la iglesia católica en las narices de un pope Francisco que ya está señalado por la cristiandad como “incómodamente sospechoso” según la prensa de medio mundo y también del otro…

El clero católico ha dejado muchas huellas y pruebas de culpabilidad a lo largo de su historia.

Es hora de que,  los que supuestamente  construyen puentes y odian los muros,  dediquen mejor el  tiempo precioso y urgente para limpiar la casa, desde los cimientos,  antes de que el edificio se derrumbe.

Menos demagogia barata y más justicia en este mundo.

Nadie puede discutir ni rechazar en filosofía que el carácter fundamentalmente tautológico del arte de gobernar mediante espectáculos  continuos e ininterrumpidos,  es el verdadero y único  “alimento” nutritivo para la chusma; el pan y circo para la plebe, el sexo con detalles escabrosos, fornicación inaccesible para el vulgo  entre una hermosa y joven prostituta y un magnate multimillonario en su edad tardía que puede pagar mucho dinero por sus servicios.

La acumulación semántica reiterativa sobre lo que dice o confiesa el abogado de Donald Trump  y lo que declara la puta  son la más rentable  representación teatral que entretiene al rebaño posmoderno mientras los desempleados, los pobres y los desgraciados de este mundo  optan por drogarse y morirse en cualquier esquina por sobredosis.

Ni una sola oración mirando al cielo por los cientos de miles de fallecidos por los opiáceos que recetan en los centros de salud; ni portadas, ni artículos, ni análisis político… El feo  “asunto” de los drogatas, mendigos e indigentes,  recibe el mismo  tratamiento periodístico que la basura que ensucia las ciudades y afea los escaparates de las grandes ciudades del consumo.

El espectáculo debe continuar.  No se puede interrumpir la verdadera droga legal  del rebaño posmoderno que es:  creer en la nueva religión de las aberrantes mentiras políticas.

Los poderosos del Gobierno no escarmientan ni recordando a la filósofa Hannah Arendt: “Siempre se llega a un punto a partir del cual la mentira resulta contraproducente”.

Cualquiera iniciado en la filosofía sabe que cuando el abogado de Trump, Michael Cohen, se declara culpable de haberle pagado a la puta, es decir la señora Stormy Daniels  (que no sé por qué la llaman puta cuando es una actriz porno)  se convierte en un chulo de putas, es decir, en un proxeneta. Y sabe Dios si Cohen se la habrá disfrutado también en la cama  por el mismo precio…  ¿Pero en qué se convierte el abogado  si es una actriz porno con todas las de la ley?

Me viene el recuerdo de un tipo en Rusia que había raptado, encerrado, esclavizado, violado y asesinado a más de 20 mujeres y le dijo al jurado soviético que era una injusticia y un insulto que lo llamaran asesino porque él era un artista del crimen…

En su defensa, su abogado dejó bien claro que Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Georges Simenon, decían lo mismo… Todos los “artistas” pueden insultar a Trump, demandarlo o incluso matarlo…

Dice hoy la senadora Claire McCaskill, demócrata por Missouri, que el chupeteo indebido de un pene presidencial como el de Bill Clinton fue no solo falsamente tratado como un escándalo de adulterio en un sitio tan sagrado como el Despacho Oval sino que el montaje espectacular fue deprimente, patético y propio de un vodevil sobre el complejo de culpa judeocristiano.

Todos saben que el señor Bill Clinton fumaba porros mientras jugaba al póker en un casino flotante,  y luego dormía la mona con una chica muy mona… Un día tras otro… El sexo entretiene mucho. Eso lo sabe el establishment… El vulgo, la turba y la plebe tienen hambre de sexo.

¿Se imaginan a Donald Trump en calzoncillos, a las cuatro de la madrugada, mirando el trasero en pompa de la asistenta de dormitorios, limpiando los grifos de oro de la bañera donde se sumerge el presidente más loco de la historia americana? Maldito pecador de infidelidad matrimonial…

La sexualidad es el sol que nunca se pone en the White House porque está ubicada en el imperio de la pasividad posmoderna. El sexo impregna toda la superficie del planeta y se apoya y se sustenta en la gloria de la república americana.

Por eso es normal que cuando los asesores le dijeron a Donald Trump que “Kim Jong un era un tipo muy peligroso para los Estados Unidos” , el presidente dijo: ¡Por las bragas de Melania que lo mato!…

Nada ha cambiado en miles de años y nada cambiará, salvo el espectáculo…

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Europa se derrumba como un castillo de naipes…

¿ Y usted, cuando observa, qué es lo que ve?

Ahora que todos miran para otra parte…

 

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